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¿Pilates pasará de moda? No tengas miedo: el futuro real del método

Hay una pregunta que muchas instructoras e instructores de Pilates se están haciendo en silencio:

¿Y si Pilates pasa de moda?

Y te entiendo.

Porque hoy vemos estudios de Pilates abriendo en la misma zona, en la misma avenida, a veces hasta en la misma cuadra. Vemos clases llenas, redes sociales saturadas de Reformers, alumnas tomando fotos bonitas, estudios invirtiendo en decoración, luces, espejos, colores, letreros y experiencias cada vez más “instagrameables”.

También vemos otra realidad: economía incierta, plataformas que prometieron llenar agendas y no siempre lo lograron, estudios con poca claridad de retorno de inversión y una competencia que crece más rápido de lo que muchas personas esperaban.

Entonces sí: hay incertidumbre.

Pero esta reflexión no es para culpar a la economía, ni a las plataformas, ni a los nuevos estudios, ni a las instructoras que están empezando.

Como siempre, mi objetivo es sumar.

Porque tal vez Pilates sí pase de moda como estética.

Pero no va a pasar de moda como necesidad.

Y aquí está la diferencia que muchas personas no están viendo.


El “boom” puede cambiar, pero la necesidad de moverse mejor no

Las modas cambian.
Los formatos cambian.
Los colores de los estudios cambian.
Los estilos de clase cambian.
El algoritmo cambia.

Pero hay algo que no está cambiando a nuestro favor como sociedad:

Cada vez nos movemos menos.
Cada vez pasamos más tiempo sentados.
Cada vez hay más adultos y adultos mayores.
Cada vez hay más cuerpos con dolor, rigidez, miedo al movimiento y pérdida de confianza corporal.

Y eso abre una pregunta mucho más importante que “¿Pilates está de moda?”:

¿Estamos preparados como instructores para atender lo que viene?

Porque el futuro de Pilates no está solamente en que más personas conozcan el Reformer.

El futuro de Pilates está en que más personas necesiten moverse con inteligencia, seguridad, progresión y acompañamiento.


La población está envejeciendo: y eso cambia el mercado del movimiento

La Organización Mundial de la Salud reporta que, en 2020, las personas mayores de 60 años ya superaban en número a los niños menores de 5 años. También proyecta que para 2050 la población mundial mayor de 60 años se duplicará, llegando a 2,100 millones de personas. 

Este dato no es menor.

Significa que en los próximos años habrá más adultos maduros y más adultos mayores buscando servicios que les ayuden a conservar movilidad, fuerza, equilibrio, autonomía y calidad de vida.

Y aquí Pilates tiene una oportunidad enorme.

Porque muchas personas no quieren entrar a un gimnasio masivo.
No quieren sentirse ignoradas.
No quieren entrenar en un lugar donde nadie les explica.
No quieren que les digan “hazlo así” sin entender qué pasa con su cuerpo.

Muchas personas necesitan un espacio más pequeño, más guiado, más humano y más técnico.

Ahí Pilates puede convertirse en un puente.

Un puente entre “ya no me muevo como antes” y “puedo volver a confiar en mi cuerpo”.

Un puente entre el sedentarismo y la fuerza.
Entre el miedo al movimiento y la autonomía.
Entre el dolor y una mejor relación con el cuerpo.



Menos niños, más adultos: una transición demográfica que también impacta al Pilates

La ONU explica que el mundo está atravesando una transición demográfica marcada por vidas más largas, menor fertilidad y familias más pequeñas. En su World Population Prospects 2024, señala que en varios países de baja fertilidad las personas tienen menos hijos de los que esperaban o permanecen sin hijos más frecuentemente de lo previsto. 

Y al mismo tiempo, la urbanización sigue creciendo: Naciones Unidas estima que para 2050 el 68% de la población mundial vivirá en zonas urbanas. 

¿Qué significa esto para Pilates?

Que en muchas ciudades habrá más adultos trabajando, envejeciendo, viviendo con estrés, moviéndose poco y necesitando servicios de bienestar más especializados.

No lo digo desde la fantasía del “negocio perfecto”.

Lo digo desde una lectura de mercado.

Si hay más personas adultas, más sedentarismo y más necesidad de cuidado físico, el movimiento inteligente no es un lujo decorativo.

Se vuelve una necesidad.

Y Pilates puede tener un papel muy importante si lo comunicamos y enseñamos con profundidad.


El sedentarismo va en aumento: aquí Pilates no compite como moda, compite como solución

La OMS publicó en 2024 que casi 1 de cada 3 adultos en el mundo no alcanza los niveles recomendados de actividad física. Estamos hablando de aproximadamente 1,800 millones de personas. Además, la inactividad física aumentó cerca de 5 puntos porcentuales entre 2010 y 2022. 

Este dato debería hacernos pensar.

Porque cuando una persona lleva años sin moverse, muchas veces no necesita solamente “una clase intensa”.

Necesita recuperar confianza.

Necesita sentir que puede empezar.
Necesita entender cómo moverse.
Necesita un lugar donde no se sienta juzgada.
Necesita un instructor que sepa leer su cuerpo, adaptar, progresar y explicar.

Y sí: puede empezar con Pilates.

No porque Pilates sea mágico.
No porque Pilates lo cure todo.
No porque el Reformer sea una máquina milagrosa.

Sino porque, bien enseñado, Pilates puede ofrecer algo que muchas personas necesitan:

estructura, control, conciencia corporal, progresión y acompañamiento.


El cuerpo está cobrando factura

La OMS señala que aproximadamente 1,710 millones de personas viven con condiciones musculoesqueléticas en el mundo. También indica que el dolor lumbar es una de las principales causas de discapacidad a nivel global. 

Esto es importante porque el sedentarismo no solo afecta “la condición física”.

Afecta cómo caminas.
Cómo trabajas.
Cómo cargas a tus hijos.
Cómo subes escaleras.
Cómo duermes.
Cómo envejeces.
Cómo participas en tu vida diaria.

Y cuando una persona empieza a perder movilidad, fuerza, equilibrio o seguridad corporal, su mundo se empieza a hacer más pequeño.

Evita caminar.
Evita cargar.
Evita agacharse.
Evita girar.
Evita intentar cosas nuevas.

Y cuando el cuerpo se vuelve un lugar de miedo, el movimiento deja de ser libertad y se convierte en amenaza.

Ahí Pilates, bien aplicado, puede ser parte de una respuesta.

No desde la promesa irresponsable de “te voy a rehabilitar todo”.
No desde invadir el terreno del médico o del fisioterapeuta.
Sino desde un trabajo serio, progresivo y colaborativo.

Pilates puede ayudar a que una persona vuelva a moverse mejor, con más control, más conciencia y más confianza.

Y en muchos casos, en sinergia con médicos y fisioterapeutas, puede ser un gran apoyo después de un proceso de rehabilitación.


Pilates tiene evidencia: no es solo una clase bonita en un Reformer

Pilates no es solamente una clase estética.
No es solo una foto bonita.
No es solo un outfit.
No es solo una máquina elegante.

Hay evidencia científica que ha estudiado sus beneficios.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Healthcare encontró que las intervenciones de Pilates pueden ser valiosas para mejorar el balance en adultos mayores. 

Otra revisión sistemática y metaanálisis sobre dolor lumbar encontró que el ejercicio Pilates puede tener efectos positivos sobre la intensidad del dolor y la discapacidad funcional en personas con dolor lumbar. 

Esto no significa que Pilates sea superior a todo.
No significa que Pilates cure todo.
No significa que cualquier clase de Pilates esté bien diseñada.

Significa algo más serio:

Pilates tiene valor cuando se enseña con criterio.

Cuando hay progresión.
Cuando hay lectura del cuerpo.
Cuando hay comprensión del movimiento.
Cuando el instructor sabe adaptar sin perder el objetivo.
Cuando no solo se copian ejercicios, sino que se entiende para qué se hacen.

Y aquí viene una parte incómoda:

El método puede tener profundidad, pero si lo comunicamos de forma superficial, el mercado no va a percibir esa profundidad.


El mercado sigue creciendo, pero eso no garantiza que te elijan a ti

ClassPass reportó que Pilates fue el entrenamiento más reservado en 2025 por tercer año consecutivo, con un crecimiento de 66% en reservaciones respecto a 2024. También señaló que fue uno de los géneros de entrenamiento más rebookeados en todas las regiones. 

Esto nos dice algo importante:

La gente no está dejando de buscar Pilates.

Al contrario, muchas personas lo están descubriendo.

Algunas llegan por moda.
Algunas llegan por recomendación.
Algunas llegan por dolor.
Algunas llegan porque quieren verse mejor.
Algunas llegan porque quieren sentirse más fuertes.
Algunas llegan porque ya no quieren entrenar en espacios masivos.

Pero aquí está la pregunta real:

¿Van a encontrarte a ti?

Y si te encuentran…

¿Van a entender por qué tu servicio es diferente?

¿Van a percibir el valor de tu clase?

¿Van a sentir confianza antes de escribirte?

¿Van a saber si trabajas con adultos, con principiantes, con personas con dolor, con deportistas, con embarazadas, con adultos mayores, con rehabilitación post proceso médico, con fuerza, con movilidad o con rendimiento?

Porque si tu comunicación dice lo mismo que todos:

“Mejora tu postura”.
“Fortalece tu core”.
“Tonifica tu cuerpo”.
“Clase de Reformer”.
“Agenda tu clase muestra”.

Entonces tu propuesta se vuelve intercambiable.

Y cuando tu servicio se percibe como intercambiable, muchas veces el cliente decide por precio, cercanía o promoción.

No por valor.


La verdadera alerta: cuando Pilates crece, también se vuelve superficial

La popularidad trae oportunidades.

Pero también trae ruido.

Business Insider publicó recientemente una reflexión sobre cómo el boom de Pilates ha traído formatos “inspirados en Pilates”, clases más enfocadas en estética o intensidad, y una preocupación por la calidad de la enseñanza cuando el método se vuelve tendencia. 

Y esto es algo que muchos ya estamos viendo.

Estudios que venden Pilates sin profundidad.
Clases que parecen cualquier cosa menos Pilates.
Instructores con poca formación enseñando secuencias complejas.
Contenido genérico que repite frases sin explicar nada.
Agencias de marketing que cobran mucho y publican lo mismo que publicaría cualquier estudio.

Ojo: no se trata de atacar a nadie.

Se trata de entender la oportunidad.

Porque cuando el mercado se llena de mensajes superficiales, quien sabe comunicar con profundidad empieza a destacar.

No por gritar más.
No por publicar más.
No por copiar tendencias.
No por usar el audio viral del momento.

Sino por explicar mejor.

Por hablarle a una persona específica.
Por educar con claridad.
Por mostrar criterio.
Por contar historias reales.
Por conectar el método con los problemas reales de su mercado local.


El boca a boca sigue siendo poderoso, pero ya no es suficiente

El boca a boca es una de las mejores publicidades que existen.

Una alumna satisfecha que recomienda tu clase vale muchísimo.

Pero hoy, con más competencia, no puedes depender solamente de que alguien hable de ti.

También necesitas que tu Instagram, tu página web, tu contenido y tu mensaje expliquen tu valor cuando tú no estás presente.

Porque antes de escribirte, muchas personas te investigan.

Ven tus publicaciones.
Ven tus historias.
Ven si pareces profesional.
Ven si entienden lo que haces.
Ven si les das confianza.
Ven si les hablas a ellas o si tu contenido podría ser de cualquier estudio.

Y aquí muchas instructoras pierden oportunidades.

No porque sean malas instructoras.
No porque su clase no sea buena.
No porque no tengan experiencia.

Sino porque no saben comunicarla.

Y esto duele, porque una instructora con gran criterio puede pasar desapercibida si su mensaje parece genérico.

Mientras que alguien con menos profundidad, pero mejor comunicación, puede llenar más rápido.

Por eso no basta con tener buen servicio.

También hay que saber mostrarlo.


Entonces, ¿Pilates pasará de moda?

Mi respuesta es:

Como estética, tal vez sí.
Como necesidad, no.

La moda del Reformer puede cambiar.
Los colores del estudio pueden cambiar.
Los estilos virales pueden cambiar.
El algoritmo puede cambiar.

Pero la necesidad de moverse mejor va a seguir creciendo.

La necesidad de envejecer con más autonomía va a seguir creciendo.
La necesidad de recuperar fuerza va a seguir creciendo.
La necesidad de entrenar sin sentirse intimidado va a seguir creciendo.
La necesidad de movimiento inteligente va a seguir creciendo.

Y ahí Pilates tiene una oportunidad enorme.

Pero esa oportunidad no se aprovecha solo comprando más Reformers.
No se aprovecha solo decorando mejor el estudio.
No se aprovecha solo contratando una agencia que te haga posts bonitos.

Se aprovecha con tres pilares:

Servicio.
Especialización.
Comunicación.

Tu servicio sostiene la experiencia.
Tu especialización sostiene la calidad.
Tu comunicación sostiene la percepción de valor.

Si una de esas tres falla, el negocio se debilita.


El futuro será para quienes enseñen con criterio y comuniquen con claridad

La instructora que solo copie rutinas va a sufrir.

El estudio que solo compita por precio va a sufrir.

La marca que solo publique frases genéricas va a sufrir.

Pero quien entienda su mercado, defina su propuesta, eduque a su audiencia y comunique con claridad lo que hace, tendrá una ventaja enorme.

Porque el mercado no necesita más ruido.

Necesita orientación.

Necesita instructoras que puedan decir:

“Yo entiendo lo que te pasa”.
“Sé cómo ayudarte a empezar”.
“Este es el tipo de trabajo que hacemos”.
“Este es el valor de entrenar con criterio”.
“Esto no es solo una clase: es un proceso”.

Eso es pasar de ser una instructora más a construir una marca.

Y una marca no es un logo.

Una marca es la claridad con la que el mercado entiende quién eres, qué haces, para quién lo haces y por qué debería confiar en ti.


De Instructor a Marca: aprende a comunicar lo que haces

Por eso creé el Boot Camp:

De Instructor a Marca

Un entrenamiento para instructoras, instructores y estudios de Pilates que quieren dejar de publicar contenido genérico y empezar a comunicar con estrategia.

Porque puedes ser muy buena dando clase, pero si tu mercado no entiende tu valor, vas a competir por precio.

Y si compites por precio, tarde o temprano te cansas.

En este Boot Camp vamos a trabajar cómo vender mejor tus servicios, cómo hablarle a tu público local, cómo construir contenido con intención y cómo posicionarte desde lo que realmente sabes hacer.

No se trata de vender humo.

Se trata de aprender a comunicar con criterio.

A educar.
A inspirar.
A diferenciarte.
A mostrar profundidad sin sonar complicada.
A vender sin sentir que estás rogando por alumnos.

Si esto te resuena, te invito a conocer el Boot Camp aquí:

https://pilates-insider.com/cursos

O entra desde el link de mi bio.


Conclusión: no tengas miedo al boom, prepárate para lo que viene

No tengas miedo de que Pilates pase de moda.

Ten más miedo de no saber explicar por qué tu Pilates vale.

Ten más miedo de parecer igual a todos.
Ten más miedo de publicar sin estrategia.
Ten más miedo de tener una gran clase, pero una comunicación que no la representa.

Porque el futuro de Pilates no va a depender solo de quién tenga el estudio más bonito.

Va a depender de quién entienda mejor a su mercado.

De quién enseñe con más criterio.
De quién comunique con más claridad.
De quién construya confianza antes de que el alumno llegue a la primera clase.

Pilates puede pasar de moda como estética.

Pero no como necesidad.

Y si sabes enseñar, especializarte y comunicar lo que haces, el boom no tiene que darte miedo.

Puede ser la puerta para construir una marca más fuerte.

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¿Cuánto debe ganar un instructor de Pilates? La pregunta incómoda que nadie quiere responder

Hay una escena que se está repitiendo mucho en el mundo del Pilates.

Abre un estudio nuevo.
Pone reformers bonitos.
Diseña un concepto aesthetic.
Lanza clases muestra.
Hace reels.
Llena algunos horarios.

Y después viene la pregunta que incomoda:

“¿Cuánto le tengo que pagar a mi instructora de Pilates?”

Del otro lado pasa algo parecido.

Una instructora ve una vacante en una zona “fancy”, le ofrecen un pago que suena bien, acepta… y a las pocas semanas se da cuenta de que entre traslados, tiempos muertos, transporte, comida, energía y desgaste, esa clase ya no era tan rentable como parecía.

Entonces la pregunta no es tan simple como:

¿Cuánto gana un instructor de Pilates?

La pregunta real es:

¿Cuánto debe ganar un instructor de Pilates para que el trabajo sea justo, rentable y sostenible?

Y ahí es donde vale la pena hablar claro.


El boom del Pilates: más estudios, más demanda y más confusión

Hoy estamos viviendo un nuevo boom del Pilates.

Hay más oferta de clases, más estudios abriendo, más personas buscando Pilates Reformer y, por consecuencia, más demanda de instructoras e instructores.

Esto no se limita a México, pero pongamos un ejemplo cercano: Ciudad de México.

En colonias muy específicas, la saturación de estudios de Pilates con conceptos parecidos es más que evidente. Mismo estilo visual, mismos horarios pico, mismos reformers, misma promesa de “cuerpo fuerte y estilizado”.

¿Y qué provoca eso?

Que los estudios necesiten talento.
Que las instructoras tengan más opciones.
Que los pagos empiecen a moverse.
Y que algunos dueños de estudio sientan que “los instructores están cobrando demasiado”.

Pero antes de pelear por una cifra, hay que entender algo:

Un instructor de Pilates no cobra solamente por dar una clase. Cobra por sostener una experiencia, cuidar cuerpos, resolver problemas y generar retención.


Si eres instructor de Pilates: antes de cobrar más, entiende cuánto vale tu tiempo

Vamos a empezar por el lado de la instructora o instructor.

Lo primero que tienes que tener claro es esto:

En muchos estudios no estás contratado como empleado de tiempo completo, sino como freelance, por hora, por clase o por bloque de trabajo.

Eso cambia totalmente la forma de calcular tu pago.

Porque no deberías preguntarte solamente:

“¿Cuánto me pagan por clase?”

Deberías preguntarte:

“¿Cuánto me queda realmente por esa clase?”

Y ahí entra algo que muchas veces no se considera: tu tiempo completo de operación.

No solo cuenta la hora frente al reformer.

También cuenta:

  • cuánto tardas en trasladarte;
  • cuánto gastas en transporte;
  • si tienes que esperar entre una clase y otra;
  • si te conviene dar una sola clase o un bloque;
  • cuánto desgaste físico y mental implica;
  • si el horario te rompe el día;
  • si el estudio está lejos de tu zona de vida;
  • si ese lugar te da crecimiento o solo te llena un hueco.

Porque sí: puede sonar muy atractivo dar clases en una zona como Roma, Condesa, Polanco o Del Valle.

Pero si para llegar gastas demasiado tiempo, dinero y energía, puede que ese estudio “más fancy” sea menos rentable que uno más cerca de tu casa.

No todo pago alto es buen pago.


La fórmula incómoda: no cobres por clase, cobra por rentabilidad real

Una forma sencilla de verlo sería esta:

Pago real = pago por clase – transporte – comida – tiempo muerto – desgaste – oportunidad perdida

Y aquí es donde muchos instructores se dan cuenta de algo fuerte:

A veces una clase de $300 pesos puede ser menos rentable que una clase de $220 si para la primera perdiste medio día y para la segunda caminaste diez minutos.

Por eso, antes de decir “yo cobro tanto”, analiza tu contexto.

No es lo mismo:

  • dar una clase suelta;
  • cubrir un bloque de 4 horas;
  • trabajar en horarios pico;
  • dar clases privadas;
  • trabajar con poblaciones especiales;
  • dar Reformer grupal;
  • dar Pilates terapéutico;
  • dar Mat en gimnasio;
  • o sostener una comunidad dentro de un estudio.

Cada escenario tiene un valor distinto.


Tu experiencia sí importa, pero no la uses como adorno

Otro punto importante es tu experiencia y tus cualificaciones.

Y aquí hay que ser brutalmente honestos.

No se trata solamente de decir:

“Tengo 8 años en el medio.”

La pregunta es:

¿Qué sabes resolver hoy?

Porque una cosa es acumular años y otra muy distinta es acumular criterio.

Puedes preguntarte:

  • ¿Tienes certificación formal?
  • ¿Tienes actualización en poblaciones especiales?
  • ¿Sabes trabajar con lesiones?
  • ¿Entiendes biomecánica?
  • ¿Sabes adaptar ejercicios sin perder el objetivo?
  • ¿Sabes leer el cuerpo de una persona en movimiento?
  • ¿Puedes manejar diferentes niveles en una misma clase?
  • ¿Sabes cuidar a un cliente nuevo sin apagar al avanzado?
  • ¿Puedes explicar sin saturar?
  • ¿Puedes corregir sin exhibir?
  • ¿Puedes dar intensidad sin perder seguridad?

Eso es lo que realmente eleva tu tarifa.

No solo “dar bonito la clase”.


Lo que también vendes: energía, empatía y retención

Hay algo que muchas veces no se dice porque parece obvio, pero no lo es:

También vendes habilidades blandas.

Vendes la forma en la que recibes a una persona.
La energía con la que sostienes una clase.
La empatía con la que corriges.
La seguridad que transmites.
La capacidad de acompañar procesos.
La forma en la que haces que alguien quiera volver.

Y eso tiene muchísimo valor para un estudio.

Porque un instructor que conecta bien con los clientes no solo da clases: ayuda a retener alumnos.

Y la retención es dinero.

Un cliente que vuelve, renueva.
Un cliente que se siente cuidado, recomienda.
Un cliente que confía en el instructor, se queda.

Entonces sí: tus habilidades técnicas importan.

Pero tus habilidades humanas también son parte de tu tarifa.


Entonces, ¿cuánto debería cobrar un instructor de Pilates?

Sería muy fácil decirte un número absoluto.

Pero sería irresponsable.

Porque la tarifa depende de la ciudad, la zona, el tipo de estudio, la experiencia, el formato de clase y la demanda.

Dicho eso, como referencia realista en ciertos mercados urbanos de México, especialmente en zonas con alta demanda de Pilates Reformer, puedes encontrar pagos aproximados entre $250 y $300 MXN por clase para instructores con experiencia.

Pero ese número no debe verse como regla universal.

Debe verse como punto de partida para hacer tu análisis.

Si estás empezando, quizá tu objetivo sea entrar a un lugar que te dé práctica, estructura y mentoría.

Si ya tienes experiencia, certificaciones y resultados claros, tienes más elementos para negociar.

Si además ayudas a retener clientes, elevar la experiencia del estudio y resolver casos más complejos, tu tarifa debería reflejarlo.

La clave es esta:

No cobres desde la emoción. Cobra desde el cálculo.


Cómo saber si una remuneración te conviene

Antes de aceptar una oferta, hazte estas preguntas:

¿Cuánto me queda libre después de gastos?

¿Cuánto tiempo total me consume este trabajo?

¿Voy por una clase o por un bloque rentable?

¿El estudio me da estabilidad o solo me llama cuando le falta alguien?

¿Me permite crecer o solo llenar horarios?

¿La energía que invierto regresa en dinero, experiencia, contactos o posicionamiento?

Porque no siempre el mejor trabajo es el que paga más por hora.

A veces el mejor trabajo es el que te da continuidad, estructura, comunidad, aprendizaje y posibilidad de crecer.

Pero ojo: crecimiento no significa aceptar pagos injustos eternamente.


Ahora pasemos al otro lado: ¿cuánto debe pagar un estudio de Pilates?

Si eres dueño o dueña de un estudio de Pilates, esta parte es para ti.

Porque también hay que hablar claro.

Si estás en una zona con alta demanda de instructores, y quieres tener a los instructores que más venden, que más experiencia tienen, que mejor conectan con los clientes o que ya tienen cierta popularidad, tu oferta económica debe ser competitiva.

No puedes querer talento premium con tabulador improvisado.

Y tampoco puedes quejarte de la rotación si tu proyecto no ofrece claridad.


Primero revisa tu corrida comercial, no el bolsillo del instructor

Antes de decir “se me hace caro pagar eso”, revisa tus números.

¿Cuánto cuesta realmente operar tu estudio?

Incluye:

  • renta;
  • nómina o pagos por clase;
  • mantenimiento de aparatos;
  • marketing;
  • software de reservas;
  • limpieza;
  • administración;
  • comisiones;
  • impuestos;
  • reposición de equipo;
  • capacitación;
  • horas muertas;
  • cancelaciones;
  • promociones;
  • clase muestra;
  • y margen de utilidad.

Con esa corrida comercial puedes saber cuánto puedes pagar sin destruir tu negocio.

Pero aquí está el punto:

La solución no es pagar poquito. La solución es construir un modelo rentable.

Porque si tu negocio solo funciona pagando mal, quizá el problema no es el instructor.

Quizá el problema es tu modelo.


Diferenciarte también te permite pagar mejor

La segunda variable es la diferenciación.

¿Qué hace diferente a tu estudio?

Puede ser:

  • el número de reformers;
  • la variedad de aparatos;
  • la personalización de las clases;
  • la metodología interna;
  • el nivel de seguimiento;
  • la comunidad;
  • la temática de las clases;
  • la experiencia de bienvenida;
  • la evaluación inicial;
  • la progresión de niveles;
  • la formación continua de tu equipo;
  • o la forma en la que vendes el resultado.

Cuando tienes una propuesta clara, puedes cobrar mejor.

Y cuando cobras mejor, puedes pagar mejor.

Pero si tu estudio compite solo por precio, tarde o temprano vas a querer ahorrar en talento.

Y ahorrar en talento casi siempre sale caro.


No pagues solo por “dar clases”: paga por funciones claras

Uno de los errores más comunes en estudios de Pilates es no definir bien qué se espera del instructor.

¿Solo llega, da clase y se va?

¿O también debe recibir clientes nuevos?

¿Debe registrar asistencia?

¿Debe reportar lesiones o avances?

¿Debe seguir una metodología interna?

¿Debe ayudar a vender paquetes?

¿Debe cuidar la experiencia del cliente?

¿Debe hacer contenido?

¿Debe participar en capacitaciones?

¿Debe cubrir eventos o clases especiales?

Nada de eso está mal.

Lo que está mal es no decirlo claramente y pagar como si nada de eso existiera.

Si quieres profesionalismo, necesitas estructura.

Si quieres estructura, necesitas funciones claras.

Y si hay más funciones, debe haber mejor compensación.


Un tabulador sano puede salvar tu estudio

Mi recomendación es que tengas un tabulador claro.

Por ejemplo:

Nivel 1: instructor en formación o junior
Para personas que todavía necesitan acompañamiento, revisión y práctica.

Nivel 2: instructor certificado con experiencia
Para quien ya puede sostener clases grupales con seguridad y buena experiencia de cliente.

Nivel 3: instructor especializado
Para quien trabaja poblaciones especiales, lesiones, embarazadas, adultos mayores, atletas o clases privadas.

Nivel 4: instructor líder o mentor interno
Para quien además forma equipo, ayuda a mejorar metodología, supervisa clases o participa en procesos comerciales.

A eso puedes agregar bonos por objetivos reales:

  • retención de alumnos;
  • puntualidad y cumplimiento;
  • ventas de paquetes;
  • renovaciones;
  • clases especiales;
  • evaluaciones positivas;
  • mentoría interna;
  • cobertura de horarios difíciles.

Esto no se trata de pagar por “echarle ganas”.

Se trata de pagar por impacto medible.


Capacitar a tu equipo no es gasto: es inversión

Si tienes un estudio, revisa las habilidades de tu talento.

No solo en Pilates.

También en habilidades blandas:

  • cómo reciben a un cliente;
  • cómo explican una corrección;
  • cómo manejan a una persona insegura;
  • cómo presentan un servicio;
  • cómo recomiendan una clase;
  • cómo acompañan una renovación;
  • cómo comunican límites;
  • cómo sostienen la energía de una sala.

Porque una instructora bien entrenada no solo mejora la clase.

Mejora la experiencia.
Mejora la retención.
Mejora la reputación.
Mejora las ventas.
Mejora tu negocio.

Y ahí es donde pagar bien deja de sentirse como gasto y empieza a verse como inversión.


La conclusión: ni el instructor debe regalarse ni el estudio debe improvisar

Entonces, ¿cuánto debe ganar un instructor de Pilates?

Debe ganar una cantidad que considere:

  • su tiempo real;
  • su experiencia;
  • sus certificaciones;
  • el tipo de clase;
  • la zona;
  • la demanda;
  • el nivel de responsabilidad;
  • su capacidad de retener clientes;
  • y el valor que aporta al estudio.

Y si eres dueño de estudio, ¿cuánto debes pagar?

Lo suficiente para atraer y conservar talento alineado con tu proyecto, sin romper tu corrida financiera, pero también sin construir tu negocio sobre pagos injustos.

Porque al final, el Pilates no crece solo por tener reformers bonitos.

Crece por las personas que sostienen la experiencia.

Y un buen instructor no es un gasto operativo más.

Es una de las razones por las que tus clientes regresan.


Preguntas frecuentes

¿Cuánto gana un instructor de Pilates en México?

Depende de la ciudad, zona, experiencia, formato de clase y tipo de estudio. En algunos casos se paga por hora, en otros por clase y en otros por bloques. En zonas con alta demanda, una referencia común puede moverse alrededor de $250 a $300 MXN por clase, aunque puede variar mucho.

¿Conviene cobrar por clase o por bloque?

Si eres instructor, normalmente conviene más un bloque rentable que una clase aislada. Una sola clase puede sonar bien pagada, pero si implica mucho traslado o tiempo muerto, puede no convenirte.

¿Qué hace que un instructor pueda cobrar más?

La experiencia, certificaciones, manejo de poblaciones especiales, capacidad de adaptar ejercicios, trato con el cliente, puntualidad, comunicación, retención de alumnos y alineación con la metodología del estudio.

¿Un estudio debe pagar más si pide más funciones?

Sí. Si el instructor también vende, recibe clientes, genera contenido, da seguimiento, cubre eventos o forma parte de una metodología interna, eso debe estar contemplado en el tabulador.

¿Cuál es el error más común al definir pagos?

Del lado del instructor: mirar solo el pago por clase y no el tiempo real invertido.
Del lado del estudio: pagar solo por “dar clase” sin definir funciones, niveles, objetivos y estructura.


Oye, antes de irte mira esto…

Espero que este artículo te haya servido para tener una idea más clara y realista sobre cuánto debe ganar un instructor de Pilates y cómo pensar una remuneración justa desde ambos lados: instructor y estudio.

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Cómo abrir un estudio de Pilates sin jugar a la ruleta rusa del mercado

Quiero empezar diciendo algo importante: este texto no nace desde el gurú que viene a darte la receta secreta para triunfar. Nace desde la empatía.

Porque sí, entiendo perfecto la ilusión de querer abrir un estudio de Pilates. También entiendo el miedo, la incertidumbre y esa mezcla rara entre emoción y vértigo que da invertir en algo que amas. Y justamente por eso escribo esto: no para animarte ciegamente ni para desanimarte, sino para invitarte a pensar con más claridad.

Abrir un estudio de Pilates, como cualquier negocio, es una inversión. Y toda inversión implica riesgo. Esa parte a veces incomoda decirla, pero decirla con honestidad también es una forma de cuidar a quien está del otro lado.

Hay inversiones más conservadoras y otras más agresivas. Un estudio de Pilates no entra en la categoría de “poner el dinero y esperar”. Requiere estrategia, criterio, capacidad de ejecución y mucha observación del mercado. Por eso, más que preguntarte si el Pilates está de moda, la pregunta correcta sería esta: ¿tengo una base real para construir un negocio sostenible?

El error más común al abrir un estudio de Pilates

Creo que uno de los errores más frecuentes es pensar que, porque el Pilates está en boom, el negocio se sostiene solo.

Y no.

Una tendencia puede abrirte la puerta, pero no te garantiza permanencia. A veces alguien entra a una zona poco saturada, le va bien los primeros meses y piensa que ya encontró la fórmula. Pero después llegan tres o cuatro estudios más con exactamente el mismo modelo: mismos colores, mismo discurso, misma estética, misma promesa y, muchas veces, la misma falta de estrategia.

Entonces empieza lo que yo llamo la ruleta rusa del mercado: competir por intuición, bajar precios para reaccionar, copiar al vecino y tratar de sobrevivir mes con mes.

El problema no es la competencia. De hecho, la competencia puede ser buena. El problema es entrar sin estructura.

Los 3 pilares para abrir un estudio de Pilates con bases sólidas

Un día alguien me dijo algo que se me quedó grabado: todo negocio tiene tres pilares: servicio, ventas y finanzas. Entre más observo estudios, más sentido le encuentro a esa idea.

Y si tuviera que ordenarlos para alguien que quiere abrir bien, yo los pondría así: primero finanzas, después servicio y al final ventas. No porque las ventas importen menos, sino porque vender sin estructura solo acelera el caos.

1. Finanzas: la base que casi nadie quiere mirar

Si me preguntas por dónde empezar, yo empezaría por aquí.

Antes de pensar en el logo, en la paleta de colores o en cómo se va a ver el estudio en Instagram, hay que hacer números. Números reales. Números incómodos. Números que te digan si el negocio tiene sentido o si solo se ve bonito en tu cabeza.

Aquí entran preguntas como:

  • ¿Cuánto necesito invertir realmente?
  • ¿Cuánto tiempo puedo sostener el estudio antes de que sea rentable?
  • ¿Cuántos alumnos necesito para llegar al punto de equilibrio?
  • ¿Cuál es mi margen?
  • ¿Qué pasa si no lleno horarios en los primeros meses?
  • ¿Qué porcentaje de ocupación necesito para respirar?

Porque una cosa es abrir, y otra muy distinta es sostener.

Muchos estudios no fracasan por falta de pasión, sino por falta de planeación financiera. Invierten demasiado en lo visible y muy poco en capital de trabajo, flujo de efectivo, estrategia comercial o colchón operativo.

Y la realidad es esta: un estudio de Pilates no necesita solo ilusión. Necesita estructura.

2. Servicio: tu verdadero diferenciador

Después viene el servicio.

Aquí es donde deberías preguntarte con brutal honestidad: ¿por qué mi estudio sería diferente? No “bonito”. No “instagrameable”. Diferente.

¿Qué experiencia voy a ofrecer?
¿Qué nivel técnico voy a exigir?
¿Qué perfil de alumno quiero atender?
¿Qué problema resuelvo mejor que otros?
¿Qué se va a sentir distinto cuando alguien entre a mi espacio?

Porque cuando un estudio no tiene diferenciador, lo único que le queda es competir por precio. Y competir por precio casi siempre termina desgastando el negocio, al equipo y la percepción de valor.

Muchos colegas recomiendan que quien abra un estudio también sea instructor. Entiendo perfectamente por qué lo dicen: cuando conoces el método, el servicio y la experiencia del alumno desde dentro, puedes tomar mejores decisiones.

¿Es obligatorio? No siempre. Pero si no vas a ocupar ese rol, entonces necesitas a alguien con verdadero criterio técnico, perfil de dirección y una remuneración adecuada para desarrollar un estándar real de calidad. No solo alguien que “dé clases”, sino alguien que pueda construir propuesta, formar equipo y cuidar el corazón del servicio.

Porque un estudio de Pilates no se diferencia solo por tener reformers. Se diferencia por cómo enseña, cómo corrige, cómo comunica y cómo hace sentir al alumno.

3. Ventas: no basta con publicar cosas bonitas

Y aquí viene otro punto sensible: las ventas.

Veo muchos estudios con presencia en redes, pero sin estrategia comercial. Mucho contenido “bonito”, pero poco contenido que conecte. Publicaciones por publicar. Frases genéricas. Estética cuidada, sí, pero sin una comunicación integrada que realmente ayude a atraer, convertir y retener clientes.

Y no lo digo para atacar a nadie. Lo digo porque hoy también hay muchas agencias y muchos prestadores de servicios que saben hacer diseño, pero todavía no entienden bien cómo se vende en el mercado fitness o wellness. Entonces terminan entregando contenido visualmente correcto, pero comercialmente débil.

Un estudio necesita mucho más que posts bonitos. Necesita:

  • una propuesta de valor clara,
  • un tono de comunicación coherente,
  • una campaña publicitaria bien pensada,
  • una atención al cliente alineada con la marca,
  • y un seguimiento comercial que no dependa de la suerte.

Además, para mí la atención al cliente también forma parte de ventas.

¿Quién está en recepción?
¿Cómo contesta mensajes?
¿Cómo resuelve dudas?
¿Cómo recibe a una persona nueva?
¿Cómo da seguimiento cuando alguien prueba una clase y no compra?

Sí, tener una app o un sistema de reservas ayuda muchísimo. Pero la atención humana, bien dirigida, sigue siendo uno de los diferenciadores más poderosos que puede tener un estudio.

Entonces, ¿vale la pena abrir un estudio de Pilates?

Sí, puede valer mucho la pena.

Pero no porque sea tendencia. No porque “todo mundo está poniendo uno”. No porque la estética wellness venda. Vale la pena cuando entiendes que no estás abriendo solo un espacio para dar clases. Estás construyendo un negocio.

Y un negocio se construye con intención.

Con finanzas claras.
Con un servicio que tenga personalidad y nivel.
Con ventas que no dependan solo de que “subimos algo a Instagram”.
Con estrategia.
Con criterio.
Con preparación.

Antes de abrir, hazte estas preguntas

Antes de invertir, yo me sentaría a responder esto con calma:

¿Tengo claro cuánto necesito vender para sostenerme?

Si no sabes cuántos alumnos necesitas, qué ticket promedio requieres y cuánto tiempo puedes resistir, todavía no estás listo para abrir.

¿Sé exactamente a quién le quiero vender?

No es lo mismo hablarle a rehabilitación, adultos mayores, mujeres que buscan fuerza, hombres sedentarios, bailarines o personas que solo quieren una experiencia boutique.

¿Mi estudio tiene un diferenciador real?

Y aquí “buen servicio” no cuenta, porque eso debería ser lo mínimo. La pregunta es: ¿qué haces distinto y por qué alguien te elegiría a ti?

¿Estoy listo para vender con estrategia?

Porque abrir sin plan comercial es como inaugurar esperando que la gente adivine que existes.

Conclusión

Esta publicación no pretende darte una fórmula mágica. Tampoco decirte que no lo hagas. Al contrario: ojalá existan cada vez más estudios de Pilates, más profesionales preparados y más propuestas de calidad.

Lo que sí quiero decirte es esto: si vas a dar el paso, prepárate mejor.

Estudia el mercado.
Fortalece tu criterio técnico.
Diseña una estrategia financiera real.
Construye una propuesta de valor clara.
Y entiende que, aunque siempre habrá riesgo, hay muchas variables que sí puedes cuidar para minimizarlo.

No se trata de tener miedo.
Se trata de no improvisar.

Porque abrir un estudio de Pilates puede ser una gran idea. Pero abrirlo con estructura siempre será mejor.

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¿Debes pagar aguinaldo a tus instructores de Pilates? Guía clara y conciliadora según la Ley Federal del Trabajo en México.

Cada diciembre el mismo nudo en el estómago.
Dueños de estudio preguntándose si “les toca pagar aguinaldo”, instructoras e instructores dudando si “les corresponde”, y una industria que, muchas veces, camina entre acuerdos informales y buenas intenciones.

La realidad es que el debate existe porque muchos estudios operan en una zona gris. No siempre por mala fe, sino por desconocimiento, por costumbre o por intentar que el negocio sobreviva. Y aquí hay algo importante: tanto el estudio como el instructor viven del mismo ecosistema. Si uno se rompe, el otro también.

Este artículo no busca señalar culpables.
Busca ordenar la conversación, explicar qué dice la Ley Federal del Trabajo (LFT) y, sobre todo, ofrecer criterios claros y prácticos para tomar decisiones justas y sostenibles en estudios de Pilates en México.


¿Qué es el aguinaldo según la Ley Federal del Trabajo?

El aguinaldo es una prestación obligatoria establecida en el artículo 87 de la Ley Federal del Trabajo.

En términos simples:

  • Es un derecho de todas las personas trabajadoras con relación laboral subordinada.
  • El mínimo legal es de 15 días de salario.
  • Debe pagarse a más tardar el 20 de diciembre.
  • Si no se trabajó el año completo, se paga de forma proporcional al tiempo laborado.

Aquí viene el primer punto clave:
👉 El aguinaldo no depende del tipo de contrato que diga el papel, sino de la relación real que exista en la práctica.


La clave de todo: ¿qué es una relación laboral subordinada?

La LFT define relación de trabajo como la prestación de un trabajo personal subordinado, a cambio de un salario.

En un estudio de Pilates, suele haber subordinación cuando:

  • El estudio define los horarios del instructor.
  • El instructor debe pedir permiso para faltar o cambiar clases.
  • El estudio indica cómo se debe dar la clase (metodología, lineamientos, forma de trabajo).
  • Existe una relación continua y estable, no esporádica.

Dicho de forma clara:

Si el estudio manda y el instructor obedece, hay una alta probabilidad de relación laboral, aunque el contrato diga “honorarios” o “prestación de servicios”.

Y cuando hay relación laboral, hay prestaciones de ley, incluido el aguinaldo.


Sueldo bruto vs sueldo neto (explicado sencillo)

Este punto genera mucha confusión, así que vamos paso a paso.

  • Sueldo bruto
    Es lo que le cuesta el instructor al estudio: salario base + prestaciones + cuotas de seguridad social.
  • Sueldo neto
    Es lo que el instructor recibe en su cuenta, después de descuentos como ISR, IMSS, INFONAVIT, etc.

Una frase que ayuda mucho a entenderlo:

Bruto es el costo total del instructor.
Neto es lo que el instructor ve reflejado en el banco.

Esto es importante porque muchos comparan sueldos por hora sin ver todo lo que hay detrás.


Escenario 1 — Instructor con relación laboral (nómina)

Este escenario es común cuando el instructor:

  • Tiene horario fijo en la parrilla.
  • Está integrado como parte del staff.
  • El estudio decide la estructura y forma de trabajo.

¿Qué implica para el dueño del estudio?

  • Dar prestaciones de ley:
    • Aguinaldo.
    • Vacaciones y prima vacacional.
    • IMSS, INFONAVIT y demás aportaciones.
  • Entender que el costo real del instructor es el sueldo bruto, no solo lo que recibe en mano.

Aquí es donde muchos estudios sienten presión financiera, y es totalmente entendible. Un instructor en nómina cuesta más, pero también da estabilidad.

¿Qué implica para el instructor?

  • Tiene ingresos más predecibles.
  • Cuenta con seguridad social y derechos laborales.
  • A cambio, tiene menos flexibilidad para mover horarios o trabajar en múltiples estudios.

Recomendación en este escenario

Si un instructor cumple funciones claras de staff, la recomendación es reconocer esa relación y, si no es posible hacerlo de golpe, transitar de forma gradual hacia un esquema más estable y legal.


Escenario 2 — Instructor por honorarios o prestación de servicios

Este escenario aplica cuando el instructor:

  • Decide o negocia sus horarios con libertad.
  • Trabaja en varios estudios o con clientes propios.
  • Cobra por clase u hora y emite factura.

Aquí hablamos de una relación cliente–proveedor, no patrón–trabajador.

¿Qué implica para el dueño del estudio?

  • No está obligado por ley a pagar aguinaldo ni prestaciones, siempre que no exista subordinación.
  • Es importante no simular una relación laboral disfrazada de honorarios.
  • Tener acuerdos claros por escrito protege a ambas partes.

¿Qué implica para el instructor?

  • No recibe aguinaldo ni prestaciones del estudio.
  • Debe:
    • Darse de alta ante el SAT.
    • Pagar ISR y, en muchos casos, IVA.
    • Llevar una contabilidad básica (idealmente con contador).

Por eso, cuando un instructor cobra $300, $400 o $500 por hora, ese ingreso no es limpio:
de ahí salen impuestos, vacaciones, seguridad y su propio “aguinaldo”.


¿Por qué es importante pagar impuestos… pero con estrategia?

Pagar impuestos no es solo una obligación legal, también es una forma de formalizar y profesionalizar la industria del Pilates.

Pero pagar impuestos no significa pagar de más.

Una buena estrategia fiscal permite:

  • Elegir el régimen adecuado.
  • Deducir gastos relacionados con la actividad.
  • Tener tranquilidad y previsibilidad financiera.

Esto aplica tanto para instructores como para dueños de estudio.
La informalidad puede parecer cómoda a corto plazo, pero suele salir cara a largo plazo.


Entonces… ¿se debe pagar aguinaldo a los instructores de Pilates?

La respuesta honesta es: depende del tipo de relación.

  • Sí se debe pagar aguinaldo
    cuando hay relación laboral subordinada.
  • No es obligatorio pagar aguinaldo
    cuando el instructor es realmente independiente y trabaja por honorarios.

Lo que sí es obligatorio, en ambos casos, es la claridad, la empatía y la coherencia.

No se trata de “ponerse la camiseta”, ni de culpar a quien emprendió un estudio por amor al método. Tampoco de ignorar que todos vivimos de este trabajo.

Se trata de sentarse a hablar como adultos, entender los números, entender la ley y construir acuerdos donde ambas partes puedan sostenerse en el tiempo.

Conclusiones

Un estudio de Pilates no se construye solo con aparatos o clases llenas.
Se construye con relaciones sanas, acuerdos claros y decisiones conscientes.

Cuando entendemos la diferencia entre nómina y honorarios, entre sueldo bruto y neto, entre derechos y responsabilidades, dejamos de pelear con la ley y empezamos a usarla como una herramienta de estabilidad.

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